diumenge, 20 de maig del 2018

LA CORRESPONDENCIA


He vuelto a revisionar La Correspondenza. Aunque esto de revisionar me suene a moco colgando, ha vuelto a cruzarse en mi vida esta película. Y la verdad es que una vez más se pone de manifiesto la contradicción que se pone de manifiesto al enjuiciar el argumento por un crítico entendido y un ignorante compulsivo, como puede ser un servidor. Los de a pie nos movemos por sentimientos, emociones o escenografía y los entendidos por los flancos técnicos y profesionales. Normal hasta aquí, ellos cobran por hacer su trabajo y nosotros pagamos para ver ese trabajo. Y casi siempre apostamos por disfrutar, por pasar un buen rato fijándonos en los pequeños detalles y, habitualmente, por la interpretación.

Del resultado de esta obra concebida y dirigida por Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso), el crítico dice “Que el amor verdadero sobrevive a la propia muerte es la lección que aquí imparte el profesor Giuseppe Tornatore. Debemos sin embargo señalar tres problemas. 1) El exceso de cartas manuscritas, deuvedés, mensajes de móvil o e-mails que la protagonista recibe de su amante (¿de ultratumba?), durante las dos horas de metraje, acaba provocando un irreparable sopor en el espectador. 2) No ayuda a tragar la píldora, al contrario, el hecho de someter la trama a un caudaloso río de reflexiones astrofísicas. Y 3) Por si no fuera poco el empacho romántico-existencial, la historia se complica con el trauma familiar de la heroína, a todas luces sobrante”.


Estoy de acuerdo en los puntos 1 y 3, sobre todo el 1, hay un abuso soporífero de mensajes. Pero vamos a lo nuestro: la interpretación. Como no puede ser de otra manera, Jeremy Irons, impecable en esa dualidad tan suya; momentos estelares en los que interpreta y momentos en los que parece fingir que interpreta. Pátina singular de su dilatada filmografía. Irons no tiene un punto medio que lo encasille, gusta mucho o no gusta nada. A mí me gusta, es diferente. Tiene un halo distinto, te confunde, incluso en ocasiones crees que es gay, apreciación que queda inmediatamente desmentida. Sus cambios de registro son casi continuos. Cierto que la película no da lugar a un gran lucimiento de su rol, más bien inexistente por la propia trama. Es la voz de quien ya ha muerto. Ella, Olga Kurylenko, hermosa y sensual, se esfuerza en borrar su imagen de bella mujer florero y chica Bond. A mi entender cumple satisfactoriamente con su papel de enamoradísima de un hombre mayor. Ambos están locamente enamorados, el profesor y la estudiante de astrofísica en lo que no deja de ser una relación a distancia.

En general la crítica no ha dejado títere con cabeza acerca de la pareja distanciada por una diferencia de edad considerable. Incluso he leído que es una historia de amor post mortem. Como evidentemente sí que lo es. La música del film absolutamente tierna y romántica, fruto de la exquisita batuta de Ennio Morricone. Planos con fuerte carga erótica, otros de románticos, muchos tristes, y algunos deliciosos como los del lago Orta y la isla de San Giulio. ¿Se puede amar a distancia? Esta sería la conclusión de la cinta.

Es posible amar lejos de la persona amada, no sentir, no tocar, no besar, no ver. Asunto difícil de pronunciarse, hay respuestas para todos los gustos. ¿Puede basarse una relación en el uso de todos los mecanismos que hoy la técnica pone a nuestra disposición? La realidad es que nos permiten ver y hablar con alguien que resida en las antípodas y todo el tiempo que queramos cuando queramos. Pero no es lo mismo, claro que no. Sin embargo sí que es posible, y tanto que sí. Hay quien opina que aun siendo posible, puede ser más susceptible de infidelidades al no haber posibilidad alguna de saberlo ni sospecharlo. Como si no hubiera infidelidad en relaciones de cercanía. Mi pobre y alejada opinión es que sí que la distancia puede favorecer el juego sucio, sin generalizar, pero puede. En todo caso todo dependerá de la robustez de ese amor mutuo. En el caso de Ed y Amy –Jeremy y Olga- el amor mutuo está por encima de cualquier consideración, llegando a la desesperación, el erotismo y culminación virtual del amor, el caos mental o la santificación del recuerdo. Todo eso y más, mucho más, renegando de la distancia y acercándola con medios electrónicos. De más estrambóticas las he visto.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada